Por Natalia Caldes (1)

N5 nov 19En 2004, después de varios años trabajando en el ámbito de la cooperación en el terreno y desde la sede de distintos organismos internacionales, por motivos personales “aterricé” en Madrid y empecé a trabajar como investigadora en el CIEMAT.

Pensé que iba a ser difícil encontrar la forma compaginar este trabajo y seguir involucrada en cooperación. Pero gracias a Lucila Izquierdo, me enteré de la existencia de Esf y fue ella la que me animó a conocer la organización y a « probar » su voluntariado...

De esa “prueba” hace más de 15 años, y puedo decir que, a pesar de los cambios en mi vida profesional, personal y familiar - Esf sigue siendo parte de mí. Y también puedo afirmar que hay pocas cosas de las que me pueda sentir tan satisfecha y que me aporten tanto en tantos sentidos.
En primer lugar, colaborar con Esf implica que estás poniendo tu granito de arena (aunque sea minúsculo) a contribuir a mejorar las vidas de las personas que más lo necesitan a través de algo tan básico pero a la vez tan importante como es el acceso a la energía y al agua. Aunque no he tenido la oportunidad de ir al terreno y ver los proyectos de Esf “in situ”, cuando veo los vídeos y fotografías de nuestros amigos locales y escucho los relatos de nuestros compañeros cuando regresan de sus viajes, me doy cuenta de que cualquier esfuerzo y dedicación es poca.
En segundo lugar, Esf es una organización flexible en la que los voluntarios somos el mayor activo. En este sentido, todos los perfiles y conocimientos tienen su valor y encaje en la organización. Adicionalmente, Esf te permite modular y definir la forma de colaborar que mejor se acomode a tus intereses o tu perfil, así como a las condiciones profesionales o personales.
Gracias a Esf he conseguido conocer a esas personas que conforman la familia de Esf. Cada uno de ellos, con su grandeza y humildad, me han enseñado valores y multitud de enseñanzas a nivel profesional y, sobre todo, personal. He conocido a personas increíbles, cuya amistad y ejemplo me acompanarán el resto de la vida.
Me gustaría destacar que Esf es una organización viva que constantemente trata de adaptarse a los nuevos retos y aportar un valor a la sociedad. Ser parte de esta organización, enfrentarse a los retos y buscar soluciones es una motivación constante para todos los voluntarios. Además, en ella se aúna la fuerza, energía y conocimientos de las nuevas generaciones con la valiosa experiencia y sabiduría de los más veteranos.
Finalmente, colaborar con Esf te fuerza a mantener los pies en el suelo y a ser consciente de lo afortunados que somos por haber nacido donde hemos nacido y de la responsabilidad que tenemos de hacer algo por aquellos que no tienen esa suerte.

(1) Natalia Caldés, química de profesión, voluntaria de Esf desde hace 15 años, está actualmente destinada en la Comisión Europea, en Bruselas